La música y su papel en la educación a lo largo de la historia
¿Qué papel ha tenido la música en la educación de las
personas a lo largo de la historia? ¿Ha formado parte de los currículos o ha
sido una simple herramienta de ocio?
Si nos remontamos a las antiguas civilizaciones, encontramos
ya una profunda vinculación entre música, educación y religión. La música
facilita la conexión con Dios, quien ilumina el conocimiento. Lo vemos así
reflejado en las culturas: egipcia (3300 y 2900 a.C), hindú (2000 a.C) e incluso
en un primer período de la Grecia Clásica (3000 a. C).
Pero sin duda es en la Paideia griega donde vemos la
relación más intensa entre la música y la educación. En la paideia de
Homero, que representa la base para la tradición pedagógica griega, la
educación del guerrero constaba de dos partes: una educación física
—gimnástica— y una educación cultural donde se cultivaba el canto, la danza,
el manejo de la lira y otros instrumentos musicales. Esta educación artística
está integrada en el concepto musiké que engloba la poesía, el canto y la
danza. Habitualmente, los jóvenes aprendían a tocar dos instrumentos: la lira
y el aulós o flauta. Para los griegos del período helenístico –conocido como
etapa humanista o clásica—, la enseñanza artística era fundamental para la
superación del mundo bárbaro y el perfeccionamiento humano.
Es durante el largo período medieval cuando la música
entra a formar parte de un currícu- lo organizado pedagógicamente, compartiendo
importancia con la astronomía y las matemáticas —geometría y aritmética—,
en lo que se conoce como el Quadrivium.
Ya durante el barroco empiezan a surgir pedagogos que abogan
por la educación de los sentimientos, vinculada a la educación de la
voluntad. Su objetivo era el de encauzar las pasiones del alma. Esta formación
moral está estrechamente asociada al cultivo de la sensibilidad estética, por
supuesto, encabezada por el estudio de la música.
Con la llegada de la modernidad, y de su mano, la
Ilustración, se produce una revisión de los fines de la educación. Nace, así
la primacía de la razón y un fervor por el poder de la educación y el
progreso gracias a las ciencias. El advenimiento del racionalismo y el método
científico transforma la manera de entender la educación, que es entendida
como el motor del progreso y bienestar individual y social, puesto que la
consideran fuente de felicidad. Esto les conduce a fortalecer las artes
mecánicas y a apostar por metodologías más activas, prácticas y empíricas.
La escuela que hoy en día tenemos es heredera de los principios pedagógicos
de la Ilustración, y es justo el momento en que la música es relegada a un
plano secundario en la educación, siendo vista como un mero entretenimiento que
favorece la relajación y el descanso, pero no tiene interés formativo.
A finales del siglo XIX aparece el movimiento de renovación
pedagógica conocido como Es- cuela Nueva, que posteriormente dará lugar a la
educación democrática en América es conocida como Escuela Progresiva, de
manos del pedagogo americano J. Dewey y que es origen de diversos métodos en
Europa y América, como el Plan Dalton, el sistema Winnetka, o los reconocidos
método Montessori y el Decroly, los métodos por proyectos o métodos de
trabajo colectivo, impulsados principalmente por Freinet. Este movimiento, en
España encabezado por la ILE (Institución Libre de Enseñanza), apuesta de nuevo
por la educación artística como importante bastión de la formación humana.
A partir del inicio del siglo XX veremos cómo las
circunstancias político-sociales —que nunca están al margen de los sucesos
pedagógicos, puesto que la pedagogía es fruto de una sociedad concreta en un
momento concreto marcarán tanto en
España como en los países del entorno desarrollado las políticas educativas,
y los currículos responderán a esos intereses políticos. En España no
podemos obviar la terrible guerra civil (1936-39) que frena los intentos de la
II República por establecer un sistema educativo de calidad para todos los
ciudadanos a través de propuestas como las misiones pedagógicas, ni por
supuesto, olvidar la dureza con la que el régimen franquista impone una
educación limitadora y constreñidora, que deja la música completamente fuera
del currículum, centrado de forma obsesiva en la religión católica y los
valores patrióticos.
En los años siguientes, bajo la dictadura del general
Franco, la música desaparece por completo de la educación general hasta la
Ley General de Educación (LGE) de 1970 que incluye la música en el
currículum del Bachillerato junto con Dibujo, como parte de la formación
estética.
No es hasta 1990 con la aparición de la LOGSE donde se
aborda la reflexión profunda de los métodos y los fines de la educación, y
cómo la enseñanza artística puede favorecer el proceso educativo de los
alumnos. En dicha ley se enfatiza la importancia de lograr una formación
artística integral. También afronta la difícil tarea de conciliar estudios
generales con enseñanzas artísticas. Y finalmente, plantea la necesidad de
establecer diferentes tipos de bachilleratos, incluyendo el de artes.
En la actualidad vemos un retroceso en el interés
pedagógico de la música como elemento formativo del intelecto y de las
emociones, y nos encontramos a las puertas de un nuevo marco legal que ha
conducido a la música, de nuevo, a los rincones oscuros de una escuela
“racional” centrada en materias mal llamadas vehiculares, olvidando cuánto
pueden ayudar las artes a vehicular emociones y formas de pensamiento que tan
importantes son en los procesos de aprendizaje.

Comentarios
Publicar un comentario